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Lisatiax

Registrado: 15 May 2007 Mensajes: 237 Ubicación: Buscando mi lugar en un mundo frio y muerto, donde la libertad es un lujo, y la vida un privilegio..
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Publicado: Mie Ago 29, 2007 4:27 pm Título del mensaje: Camada- Kumi |
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Bien, depsues de el Mar de coral aqui os dejo una nueva historia completmanet nueva... Aviso q no esta acabada y q podría no acabarse nunca... Aunq espero terminarla... Algun dia...
Beno, espero q disfruteis XD!
Camada.
1
Paseo por la nieve.
Los pequeños copos de helada nieve caían suavemente, deslizándose, girando, bailando cual si fuesen delicadas hojas mecidas por la brisa. Solo que no existía tal brisa. Las copas de los lejanos árboles se mantenían inmóviles, allí, inalcanzables para el ojo humano. Pero ella no era humana, no del todo al menos.
Leves huellas quedaban impresas en la tierna nieve a su lento avance, huellas de pies descalzos sobre tierra congelada. Y, aún así, no sentía frío, hacía falta mucho más que una diminuta nevada para enfriarla... muchísimo más. Caminando sin prisa, pero con decisión, atravesaba la amplia explanaba del valle blanquecino, ajena a todo... menos a sus pasos. No había objetivo, no había final. Un viaje sin interminable en busca de su destino, eso es lo que era. Imprevisible.
¿Huir? Quizás, quizás huía, pero no de lo que era ahora, no, de eso no. ¿Cazar? Puede, a aquel que la cambió. Tal vez. No estaba segura. ¿Libertad? Si, si, libre, era libre, ahora sí, ahora que había cambiado. Libertad, destino, poder. ¿Iban unidas esas tres palabras? Seguramente. Libre, poder... poder elegir.. elegir tu destino. Poder...
Se detuvo, confusa. El camino estaba abierto para ella... abierto en todas direcciones. Elegir... Siguió recto tras apenas una breve vacilación. Destino... Su destino... el que ella elegía. Era libre, y ejercería esa libertad, pero no podía hacerlo en el lugar del que venía. Por eso huía, desorientada. Un gran cambio, una gran elección, una gran... responsabilidad.
De repente echó a correr. No supo por que, simplemente, algo le dijo que corriese, algo muy dentro de ella. Y reía, cada vez más rápido, más risas. Risas salvajes, alegres. Era, por fin, todo aquello que había querido. Por fin.
El suelo pronto dejó de ser visible bajo sus pies. Los copos de nieve golpeaban ahora su rostro con fuerza, y ella era feliz, feliz como nunca había sido... jamás. Rápida, salvaje, feliz... Lanzó un grito al aire lleno de agua congelada. Su aviso, su aviso de que iba, buscaba... su verdadero lugar. Gritó y grito mientras reía, llena de gozo.
Y la nieve seguía cayendo, incesante, implacable, borrando poco a poco las leves huellas dejadas en el blando suelo. _________________
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Ultima edición por Lisatiax el Jue Sep 20, 2007 8:55 pm; editado 1 vez |
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Stelmaria

Registrado: 03 Abr 2007 Mensajes: 549 Ubicación: España
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Publicado: Mie Ago 29, 2007 5:16 pm Título del mensaje: |
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EN DOS PALABRAS: IM - PREZIONANTE, jejejee
Me ha encantado Lisatiax, es genial. Me encanta como describes, como usas los adjetivos, como haces las pausas...
Está muy guay. Me gusta muchísimo . _________________ "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"
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Lisatiax

Registrado: 15 May 2007 Mensajes: 237 Ubicación: Buscando mi lugar en un mundo frio y muerto, donde la libertad es un lujo, y la vida un privilegio..
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Publicado: Jue Ago 30, 2007 2:36 pm Título del mensaje: |
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Beno, no parece q comenta muxa gente pero bueno... E aqui el segundo capitulo, una especia d introduccion de los personajes XD
2
Kumi
El cálido viento acariciaba con suavidad el pálido rostro de la joven, envolviéndola en un sin fin de aromas embriagadores: jazmín, poleo, menta... La hierba se mecía a su rítmico compás, adelante, atrás, adelante, atrás... Como un péndulo verde fijado al sólido suelo. Un gran roble se alzaba imponente a su lado, enviando la gigantesca sombra lejos de ella, oscureciendo parte de la cima de la colina. El susurro de las hojas, ampliado por los finos oídos de la chica, sonaba como música celestial.
Aquel era un pequeño remanso de paz en medio del caos, el infierno... Un lugar tranquilo, alejado, puro... Los pájaros cantaban alegres desde sus nidos, ocultos en algún lugar, entre las gruesas ramas del fornido árbol. Un gato salvaje correteaba no muy lejos. Sus delicadas patas apenas rozaban el suelo a cada paso.
Paz... Tranquilidad... Pero tan solo una ilusión, un descanso momentáneo en una vida llena de peligros, pero también de alegría. ¿Era aquello lo que deseaba? ¿Era esa la vida que quería llevar? Casi, casi... Muy cerca de su verdadero deseo secreto. En él, sol estaban ella, ella y la naturaleza en su estada más salvaje, en su estado más bello. Ella... sola... O con un compañero quizás. Aunque esa parte, de momento, era bien prescindible.
Sin embargo, sus sueño para nada incluía los siete personajes que, al pie de la colina, correteaban, jugaban, reían o descansaban, tras un agotador viaje.
No obstante, verlos allí, relajados, logró sacarle un sonrisa sincera a un rostro habituado al sarcasmo y la tristeza. Agazapándose para estar más cómoda, observo a todos y cada uno de sus compañeros. Casi no tenía que buscarlos en la inmensidad de la pradera. Pese a llevar con ellos el poco tiempo de tres meses, había aprendido a conocerlos muy bien.
No precisaba buscar para encontrarlos, tan solo dirigir la mirada hacia donde creía que podrían estar, y allí los encontraba. Por eso, cuando dirigió su potente visión hacia la base de la colina, no se sorprendió en ver allí, sentados despreocupadamente, a tres de los miembros el grupo, los tres más jóvenes.
Apoyadas las espaldas en la roca desnuda, con las ligeras piernas estiradas, los hermanos escuchaban atentamente los que un joven regordete les contaba con afán. Gesticulando exageradamente, parecía relatar alguna anécdota cercana a una batalla campal. Tal vez, solo una pequeña batallita aumentada para impresionar a sus oyentes. Así era Hige, el bonachón, comilón, mujeriego Hige. Su nombre significaba bigote en japonés. Era el cómico del grupo, el encargado de entretener, levantar los ánimos, aliviar las situaciones tensas. Y, aunque su especialidad, gastar bromas, le había echo ganarse algún que otro coscorrón, a veces encandilaba por su necesidad de ayudar a los demás. Como estaba haciendo en esos momentos.
Los dos pequeños que se sentaban junto a él, los dos hermanos, eran la adquisición más reciente, encontrados juntos, abrazados el uno al otra tras ser atacados por bestias salvajes. Yobiyoseru era el nombre del más mayor, significaba llamar, pues en los días siguientes a su encuentro, no cesó de gritar y gritar, invocando a una madre que jamás regresaría. Al más pequeño lo llamaban Yúki, valor, ya que nunca lloró ni mostró más que un gesto de autentica tristeza en su rostro.
A pesar de que el tiempo había pasado y parecían haber olvidado el incidente, aun sufrían pesadillas, o se sumían de vez en cuando en un estado de nostalgia del que pocos lograban sacarles, entre ellos Hige.
Por eso, la joven admiraba al chico. Él también tenía el pasado teñido por la desgracia y el dolor. La mayoría de ellos lo tenia. Incluso Hana, la adorable, amable Hana. Hacía honor a su mote, nariz, pues era la mejor olfateadora del grupo, capaz de localizar un enemigo o una presa a kilómetros de distancia. Hana fue la primera en unirse al grupo. Herida, asustada y desorientada, vagó sin rumbo por bosques oscuros, huyendo de lo que era, hasta que él la encontró, como había encontrado a todos.
Kenshi...
Kenshi, el colmillo del grupo, su líder, la persona en torno al cual los demás se habían reunido. Severo pero compasivo, no dudaba en admitir a más y más desamparados, compadeciéndose de ellos. Sin embargo, esa compasión nunca resultó un impedimento a la hora de emplear mano dura entre lo miembros si era necesario. Y era algo que a menudo se veía obligado a hacer... por su culpa, por ellos.
Sensó y Senshi, guerra y guerrero. No era parientes, ni siquiera se conocían antes de unirse al grupo, pero desde un principio se formó entre ellos un lazo extraño, un lazo de camaradería imposible de romper. Ambos, seres bélicos, agresivos... se complementaban entre ellos, mezclando la inteligencia de Sensó con la rapidez y la fuerza de Senshi, no obstante, tan solo un poco menos listo que su amigo.
Una gran ventaja, tener a dos compañeros tan compenetrados, sobre todo a la hora de luchar... si no fuese porque ninguno de ellos estaba del todo conforme con el estilo de vida que llevaban. Siempre intentaban encontrar el mejor momento para enfrentarse a Kenshi, desobedecerlo o, simplemente, llevarle la contraria.
Pero el colmillo no los contenía solo. Había otro, otro que no se encontraba allí. Uno que protegía incansablemente al resto, uno que arriesgaba su vida por salvar a otros. Alguien de gran corazón y mente despierta... que negaba rotundamente cualquier rastro de bondad en su comportamiento, alegando instinto de supervivencia.
Su historia era increíblemente tierna, si se dejaban a un lado las correcciones de él. Encontrado en una noche de luna llena, apenas controlándose, protegiendo a un pequeño niño del ataque de otro grupo de siete. Siete contra uno y, aun así, no se retiró. Incluso llegó a amenazar a Kenshi y Hana, sus salvadores, por haberse metido en asuntos ajenos. Así era él, así era Tsume, uña. Aquel en quien Kenshi se apoyaba para mantener a raya a Sensó y Senshi. Aquel que, irónicamente, formaba con ellos la garra del grupo, la tropa de choque, los guerreros...
La chica hubo de esforzarse un poco más para lograr encontrarlo, solo, sobre una diminuta elevación, sentado con las piernas cruzadas. Solo, como ella. Tantas cosas en común y tan poco afecto entre ellos. Al menos por su parte. Quizás se debiese a que nunca fue capaz de vencerla en un combate de entrenamiento, o, tal vez, a que aun no se fiaba de ella. No obstante, las razones no importaban y la joven sabía que no dudaría en acudir en su ayuda si la necesitaba, pues formaban parte del mismo grupo.
Aquellos eran sus compañeros, sus amigos, su grupo... su Kumi. Un grupo que podía abandonar cuando quisiese, porque ella era Sabishí, la solitaria. Un espécimen raro entre especimenes raros... _________________
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Stelmaria

Registrado: 03 Abr 2007 Mensajes: 549 Ubicación: España
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Publicado: Jue Ago 30, 2007 4:47 pm Título del mensaje: |
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Otra excelente labor por tu parte, Lisatiax. Gran presentación y preciosos nombres. Mi enhorabuena de nuevo . _________________ "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"
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Lisatiax

Registrado: 15 May 2007 Mensajes: 237 Ubicación: Buscando mi lugar en un mundo frio y muerto, donde la libertad es un lujo, y la vida un privilegio..
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Publicado: Vie Sep 07, 2007 8:57 pm Título del mensaje: |
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3
Regreso
Los recuerdos se adquieren, llegan, se quedan y, finalmente, se van... Pero siempre existen algunos que perduran más tiempo del estipulado, aunque uno prefiera olvidarlos. Son esos recuerdos, recuerdos de un pasado muy alegre o demasiado triste, gravados a fuego sobre la mente humana. Recuerdos que nunca se irán, que permanecerán, animándote o atormentándote... hasta la eternidad...
Un silencio sepulcral se apoderó del abarrotado local cuando la pequeña puerta de cristal se abrió, dando paso a un reducido grupo de jóvenes entre tintineos de campanas, más o menos graves. Inmediatamente, todos los clientes levantaron la cabeza de sus quehaceres, hasta los inquietos niños dejaron de llorara, chillar o reír, y aquellos más alejados, los que no podían ver a los recién llegados, sufrieron un extraño escalofrío recorriéndoles la espina dorsal como una incómoda descarga eléctrica. Algo, el instinto, más sabio a veces que la propia razón, avisaba del peligro inherente a esos jóvenes. Por añadido, su aspecto, no contribuía a relajar el ambiente tenso que, sin proponéroslo lo más mínimo, habían causado.
En las ropas desgarradas, sucias, rotas, la razón encontraba un motivo para obedecer al instinto y, poco a poco, intentando no realizar movimientos bruscos ni sonidos fuertes, las personas allí reunidas abandonaron el local. Sin embargo, para ello debían pasar al lado de los nuevos, lo que causaba en la mayoría de los casos una huida masiva en cuanto se alcanzaba la, en apariencia, segura calle.
- Hola.- saludó Hige a una preciosa muchacha que, en su apresuramiento, se enganchó el elegante bolso en la manilla dorada de la puerta. Educadamente, el joven se apresuró a ayudarla y, con un rápido movimiento, desasió la rebelde correa, haciéndose con el complemento.- Toma.- ofreció mostrando una amplia sonrisa en su bonachón rostro, cerciorándose de mantener los dientes bien ocultos.
La joven, aterrada, dudó unos segundos, temblorosa, antes de arrebatar el bolso con brusquedad y esfumarse lo antes posible, sin ni siquiera dar las gracias.
- Bueno los e visto peores, aunque era una chica muy atractiva- añadió dirigiendo su sonrisa a Sabishí.
Esta, ajena a todo lo ocurrido, se volvió hacia su compañero, con la confusión brillando en sus ojos oscuros, mezclada con el nerviosismo.
- ¡Eh! ¿Estas bien?- preguntó el atento Hige.
Como respuesta, Sabishí se agarró un brazo y masculló:
- No debería haber venido. No me gusta este sitio.
Hige se sorprendió. Pocas eran las cosas capaces de alterar a su compañera y, normalmente, aquellas que lo hacían suponían un riesgo para todos ellos. El joven pensaría que lo que la incomodaba de esa manera era la ciudad en sí, como le ocurría a Tsume, al cual habían dejado al cargo de Yuki, Yobiyoseru, Sensó y Senshi, sobre todo de estos dos últimos; de no ser porque la solitaria ya los acompañó a en otras numerosas ocasiones.
No obstante, no tuvo tiempo para hacer conscientes sus dudas, interrumpido por la suave voz, algo tímida, de Kenshi.
- Bueno, Hana. Aquí tienes, toda la droguería para ti sola.
Era increíble de observar el gran cambio que experimentaba su líder cuando abandonaban los campos y se internaban en territorio exclusivamente humano; una especie de timidez y vergüenza se mezclaban dentro de él, como si estuviesen entrando un lugar vedado. Incluso podría decirse que llegaba a actuar con humildad.
Por otro lado, Hana se volvía eufórica. Apenas sabían nada de su antigua vida pero era evidente que, en ella, jamás desaprovechó una oportunidad de saciar su sed de comprar, tan experta y segura se mostraba dentro de hasta la más cochambrosa tienda. Además, sentía una extraordinaria predilección por los perfumes, tal vez debido a su desarrollado olfato. Aun así, ansiosa como estaba por empezar a investigar cada estante, cada rincón de la estancia, esperó hasta tener el consentimiento del colmillo y, una vez dado este, se lanzó hacia adelante, arrastrando tras de sí a un azorado Kenshi, al que agarraba fuertemente por el brazo. Hige no pudo evitar soltar una carcajada ante la expresión de sorpresa impresa en el rostro de Kenshi.
Pronto, el diminuto local se llenó a rebosar de cientos de fragancias diferentes, mezcladas en una asfixiante atmósfera. Sabishí, perdido por un instante el miedo, se atrevió a llevarse un tentador frasco a la nariz, pero era incapaz de diferenciar ya un olor de otro. Meneando la cabeza de un lado a otro, se preguntó como se las apañaba Hana para lograrlo. Volvió a colocar el frasquito en su lugar correspondiente, escuchando a sus espaldas los quejidos de Hige.
- Por favor, soy demasiado sensible como para soportar esto. Incluso se me a quitado el apetito.- decía, mientras se tapaba la nariz con en brazo entero.
Sabishí se giró divertida ante el, exagerado, malestar de su amigo. Entonces la vio. Vestida con la falda roja y la chaquetita a juego que constituían el uniforme de la compañía, una joven poco más grande que Sabishí, la contemplaba con unos ojos como platos; la boca, entreabierta en una muda mueca de sorpresa, intentaba sin éxito pronunciar una palabra atascada en la garganta. La solitaria sintió como se le encogía el corazón al reconocerla. Intentó sonreír, intentó decir algo... pero fue incapaz.
Ninguno de los otros se había percatado, aún, y no tardaron en hacerlo; el chillido les ayudó pues, tras unos segundos eternos de balbuceos e incoherencias, la joven dependienta logró, por fin, soltar la palabra atorada, un nombre; y no fue exactamente en un susurro como esta se desprendió de sus labios, sino en un penetrante, retumbante, grito producido con toda la capacidad pulmonar de la que era capaz la chica.
Hana, sobresaltada, dejó caer una de las colonias que sujetaba entre sus manos, una de especial olor atrayente e irresistible; Kenshi enseguida se puso alerta, buscando una fuente de peligro y una posible vía de escape. Hige se limitó a volverse hacia la joven y Sabishí, con rostro molesto más que asustado o confuso.
De repente, como si alguien hubiese accionado la cámara lenta, todos los presentes se giraron, despacio, muy despacio, hacia Sabishí. - También soy demasiado sensible a los sonidos fuertes ¿sabes?- replicó sin caer en la cuenta todavía de lo que ocurría.
Eso fue lo último que Sabishí escuchó antes de huir. Huir... atravesando la abierta puerta hasta perderse en el laberinto de calles grises caldeadas por el sol. Corría, corría sin detenerse, de nuevo, solo que esta vez el sentimiento era diferente. No quedaba nada de aquella alegría eufórica que experimentara aquel día, ni la sensación de libertad... nada. Solo el miedo, la humillación, la vergüenza y la furia martilleaban fuertemente su pecho, dándole impulso para avanzar más deprisa aún... Los edificios, grandes borrones marrones, verdes, azules... pasaban a su lado sin orden ni concierto... mientras ella huía, otra vez... _________________
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fauri13

Registrado: 02 Dic 2006 Mensajes: 401 Ubicación: Barcelona
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Publicado: Jue Sep 13, 2007 4:02 pm Título del mensaje: |
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Muy bueno,
escribes muy bien y tienes bastante imaginación por lo que parece.
Haber si publicas alguno de estos libros... , seguro que me los compraría.  _________________
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