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Ka1sa

Registrado: 27 Jun 2008 Mensajes: 14
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Publicado: Vie Jun 27, 2008 11:56 pm Título del mensaje: El niño que sobrevivió... |
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- Sabes, Amantha... Creo que la arpía esa nunca sabrá lo que realmente pasó con aquellos niños.
El tití se mantenía en los hombros del chico, aferrado con sus manitas al pelo, tal y como siempre hacía para demostrar su conformidad.
- Lo que es una suerte... Porque si no nos hubiéramos escapado en el último momento... - el chico se abrigó más el cuello con la parca incapaz de decir lo que realmente pensaba.
Su daimonion tití prendió el pelo con más fuerza, entendiendo perfectamente lo que no se había atrevido a decir.
- Esa maldita arpía... - musitó el joven - No sé como llegó a aguardar nuestra confianza. No sé como logró engañarnos...
El chico manifestó un estremecimiento. Caminaba entre la nieve, sin rumbo fijo, aunque con paso decidido. Amantha, su mono tití, permanecía aferrado alrededor de sus hombros, tiritando. Y es que escapar de Bolvangar sin más abrigo que una vieja parca y un jersey muy raído no proporcionaba suficiente calor para mantenerse estable.
El chico lo sabía pero no quería desaminarse. No pretendía pensar que pasaría si de repente se helaba de frío (cosa que no tardaría en hacer). Bastante le costó escapar de sus captores de la Estación Experimental como para haber pensado en que haría más allá de aquello. Quizá aquellos hombres lo sabían y permitieron su huida porque no les interesaba. ¿Preferirían que muriera? Ni siquiera se oía el aullido de ningún lobo tártaro que fuera en su búsqueda.
Alrededor del mediodía las tripas del chico rugían estrepitosamente. Empezaban a temblarle las piernas, del esfuerzo que había gastado. ¿Cómo no se le había ocurrido robar algo del desayuno?
Bolvangar actuaba a modo de fortaleza inexpugnable. Con aquel frío, sin nada a la redonda excepto los samoyedos y los tártaros custodiando la zona, pocos podían sobrevivir sin rendir cuentas al clima infernal del norte. No había siquiera ninguna señal de la cercanía floral de la tundra (lo que hubiera significado comida también).
El niño empezó a sentir el desánimo pese a que Amantha no decía nada. No había dicho una sola palabra desde que aquella mujer les había conducido a un almacén lleno de niños de Londres. Desde entonces, viajaron en barco hasta Trollesund y en trineo hasta Bolvangar, casi sin pararse a descansar. Amantha, muerta de miedo, permanecía la mayor parte del tiempo alrededor de su cuello o sobre sus hombros, aferrándose a la cabeza del niño (como siempre que hacía cuando le preocupaba algo). Solo cuando aquellos científicos comprobaron la cantidad de "polvo" que atraía, tenían que separarse. Incluso les hicieron un experimento sobre cuanta distancia podían mantener Amantha y él separados. Fue una experiencia muy dolorosa. Por miedo a que se repitiera, o a que fuera a peor, no se alejaron ni un centímetro un solo momento hasta que el chico encontró una salida de emergencia.
En la huida todo fue muy precipitado y casi sucedió sin meditarlo siquiera. Ocurrió tras un simulacro de incendio. Las enfermeras y los médicos sacaron a todos los niños al exterior. Amantha apremió al chico a que cogiera los objetos más útiles que encontró por el camino. De hecho, la parca que ahora llevaba era de uno de los médicos. Le quedaba tan grande que podía darse tres vueltas con ella. Durante el simulacro, se produjo una pelea de nieve entre los niños. El chico no se permitió ni un momento de recreo, de repente sintió la necesidad de huir tal y como necesitan huir los ratones que permanecen un tiempo en cautividad en una jaula. La libertad le llamaba.
Con la parca medio puesta y haciéndole tropezar de vez en cuando, salió a toda prisa siguiendo a otros tres niños que también se escaparon del gentío, con sus daimonions corriendo tras ellos pero en una doblez del camino les perdió de vista.
Por un momento pensó que estarían jugando al escondite así que no les tomó en serio y siguió su curso.
Había un tártaro vigilando la entrada por la que pasaban los trineos de los samoyedos (probablemente cuando traían niños y tenían información importante para los habitantes de Bolvangar) pero se le veía desorientado mientras hablaba por una especie de magnetófono. Si su daimonion lobo no hubiera permanecido igual de desorientado que su dueño, probablemente nunca hubiera podido poner un pie fuera de la alambrada.
Pero ahí estaba, corriendo con excelente rapidez fuera de su lugar de cautiverio, sin nadie aparentemente tras él. Amantha se aferró bien a los pelos de su coronilla mientras compartía el mismo pensamiento que él: "quien diría que sin apenas esforzarse demasiado podía haber escapado". Escapar de Bolvangar... Nadie había hecho nada igual.
¿Tendría la oportunidad de regresar a Londres, su ciudad natal, y volver a ver a su familia? Amantha le daba ánimos mientras corría. Al menos, tenía que intentar llegar la costa siempre y cuando el frío y los depredadores no se lo impidieran.
De repente, una figura voladora divisó la figura del niño y su daimonion corriendo por la nieve virgen y dejando unas gruesas pisadas en la nieve, pisadas que cualquier ser pudiera haber seguido con tremenda facilidad. Pero él no quería hacer daño, solo tenía curiosidad así que descendió un poco su vuelo y planeó bajo las nubes para mirar con mayor nitidez. ¿Un niño escapado de Bolvangar? ¡¡No podía ser!!
Instantáneamente, Amantha se puso tensa y toda su piel se erizó presa del pánico. Había detectado algo. El niño se paró sintiendo su angustia. Se volvió en derredor pero allí no había nadie.
El ganso azulado volvió a ascender. No pretendía que aquel chico supiera de su existencia antes de saber quien era él. Aunque ahora no tenía mucho tiempo para averiguarlo, pues la pequeña Lyra precisaba de su ayuda, lo presentía. Pero...
El niño volvió a reemprender la marcha una vez que Amantha pareció calmarse. Aunque el tití miraba ahora hacia todos los lados, sabía que aquella extraña presencia había desaparecido.
Lo curioso de todo aquello no es que aquella presencia desconocida fuera peligrosa, sino que tenía algo de familiar que aun no sabía plantearse.
El daimonion ganso sintió por un momento lástima y preocupación por aquel chico. Solo en aquel paraje no sobreviviría mucho. Dudó un momento, por si no fuera la situación adecuada, pero enseguida comunicó a su dueña lo que había visto. Ella sabría qué hacer. _________________

Ultima edición por Ka1sa el Jue Jul 17, 2008 12:49 pm; editado 2 veces |
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Ka1sa

Registrado: 27 Jun 2008 Mensajes: 14
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Publicado: Lun Jul 14, 2008 9:43 pm Título del mensaje: |
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Quería sentarse sobre la nieve a descansar y recuperar el aliento pero Amantha no se lo permitía. Tal vez porque el tití fuera consciente de que si se sentaban, con aquel frío, morirían de congelaciónn o porque estaba muy nerviosa, mucho más de lo habitual.
Normalmente no contradecía a su daimonion. Antes solían pasar largo tiempo mirando desde los tejados de los edificios las calles del barrio pobre de Londres. No solían hablarse mucho pero la gran mayoría de veces lograban un convencimiento mutuo. Eso y que nunca tenían que comunicar que pensaban hacer a continuación ya que el otro mantenía una conexión tan profunda que actuaba como si cualquier acción la plantearan ellos mismos por separado.
El niño disfrutaba de aquellos presentimientos y emociones íntimas con Amantha como si fuera el único que las sintiera tan cercanos. Que él supiera, ningún otro niño, siquiera adulto, era capaz de manifestar lo que sentía en tan poco tiempo con su daimonion, mucho menos lo que pensaba hacer.
Aquella maravillosa habilidad hacía del joven picaruelo un adepto truhán de los mercados donde cogía los alimentos que comería sin pudor de no poder pagarlos. Amantha solía llevar la voz cantante. Era capaz de engatusar al daimonion del tendero para que su dueño se hiciera con una manzana, empanada o barra de pan en milésimas de segundo. En ocasiones hacía competiciones con otros pillos (la mayoría de ellos giptanos) para ver quien era capaz de hacerse con más comida en menos tiempo. A diferencia de los daimonions de muchos niños, Amantha ya se había asentado en lo que probablemente era su forma definitiva, como tití.
El día en que el chico lo comprobó apenas si le resultó sorprendente. En un primer momento, pretendía saltar hasta una cornisa del edificio cercano donde contemplaba el bullicio de las calles de Londres. Cuando se presentaba alguna complicación, Amantha se transformaba en lorillo o petirrojo y revoloteaba la distancia de un edificio a otro para indicarle que no había peligro. Pero últimamente prefería quedarse sobre su hombro hasta que…
El se resbaló un poco. No solía pasar pero tampoco daba por hecho cruzar aquella distancia en el aire sin complicaciones. Entonces era cuando Amantha en petirrojo volaba con cierta ansiedad sobre su cabeza hasta que daba con algún asidero que le ayudara a encaramarse. Aquella vez no lo hizo, y en forma de tití se columpió hasta la cornisa tratando de ayudar con sus finas manitas al chico. Logicamente el tití no tenía la fuerza suficiente para empujarle hacia arriba pero resultaba mucho más útil así que dando vueltas y mareándolo de preocupación.
En aquella ocasión experimentó una breve euforia, una mezcla de sentimientos encontrados. Por un lado notó como frías capas de pesar (como la niebla espesa que acudía cada Sábado de otoño al Támesis) le abrían los ojos al mundo de sus pillajes y a todas las males acciones que había cometido. Sin embargo, también la fuerza de la experiencia y de todo cuando conocía y amaba le presionaba hasta darle a entender aquella curiosa noticia. Sin quererlo conscientemente había crecido. Así se lo hizo ver Amantha con su curiosa transformación definitiva.
Como tití definitivamente, Amantha resultó de mayor utilidad al chico. Ya no solo para ayudarle a subir o a saltar por los edificios sino para curiosear sin ser vista, o para realizar pillajes, trueques, merodear o vigilar.
Poco después de aquel salto a la cornisa que debió de significar el antes y después de la vida del chico, niño y daimonion recibieron la presencia de una mujer terriblemente hermosa y presumiblemente dulce que le esperaba sentada sobre un escalón del portal del edificio sobre cuyo tejado habían paseado. El tití desconfió unos instantes antes de acercarse al mono dorado que le observaba tranquilo. Tras acercarse ambos daimonions, el niño sintió la necesidad de avanzar o, de lo contrario, la separación con sus daimonion se haría insoportable.
- ¿Cómo te llamas? – preguntó la mujer con tono afable.
Después de la presentación solo pudo ser consciente del atolladero en que se había metido. Como bien sabía, aunque entonces su destino fuera incierto, dejaría su casa para acogerse a un montón de peligros. Si Amantha y él hubieran sido más conscientes de que aquella mujer era una mentirosa y otra ladrona muchísimo peor que ellos… Pero hasta el momento no había reflexionado la personalidad que transmitía aquel mono dorado.
Ahora el viento del norte azotaba su cara aterida de frío y cubiera de pequeños trozos de hielo y nieve. Tanto Amantha como él se lamentaban profundamente por abandonar las calurosas calles llenas de hollín del barrio del Londres donde vivían.
Casi no fueron conscientes, hasta momentos después, de que una flecha emplumada y colorida hacía acto de aparición, clavándose en la nieve.
- Nooooooo
El chico se llevó un sobresalto terrible al ver a un pequeño grupo de seres cubierto de jirones de seda y tela bajar desde las alturas hasta él. Tropezó mientras trataba de huir de ellos intuyendo que dispararían más flechas y maldijo el haber cogido una prenda de abrigo tan incómoda. Amantha, por su parte, saltó a la nieve y mientras gruñía y enseñaba los dientes se peleaba contra lo que creía fuerzas invisibles que pretendían dañarlos. Nada más lejos de la realidad.
En cuanto las figuras se volvieron más claras y posaron sus pies desnudos en la nieve, Amantha y el chico dejaron de revolverse innecesariamente. Se trataba de tres figuras, mujeres bellísimas y pálidas, que les observaban medio flotando en las alturas con las flechas emplumadas en un cinto y el arco, suelto, en la mano. Una de ellas, probablemente la que había disparado, pronunció una especie de reverencia al chico y a otra de las figuras, como arrepintiéndose de su actuación anterior por haberles querido hacer daño.
La más alta de las tres, la más resplandeciente y majestuosa, se volvió hacia el niño y con un tono dulce y acompasado le interpeló:
- ¿Cómo te llamas?
Tuvo miedo de responder, por si volvía a suceder como con aquella mujer del mono dorado. Antes de hacer nada, prefirió buscar la presencia de su daimonion pero para su sorpresa ninguna de las tres tenía.
La mujer voladora sonrió, sabiendo precisamente lo que buscaba y el porqué de su sorpresa.
- Las brujas no precisamos de la presencia constante de nuestros daimonions. Yo soy Serafina Pekkala, reina del clan de brujas del lago Enara. Mis hermanas y yo acabamos de encontrarte. Supongo que habrás escapado de Bolvangar…
El chico asintió, aun sin atreverse a decir nada. Aunque aquella “mujer” demostraba venir en son de paz aun tenía en duda muchas cosas.
- Pasamos lejos de casa porque pretendemos ayudar a unos amigos a liberar a los niños de Bolvangar. Dicen que allí les hacen cosas terribles…
Amantha volvió a colocarse sobre los hombros del niño, con aparente tranquilidad aunque su dueño sabía que, como él, permanecía alerta ante la mínima señal de peligro.
- ¿Cuánto hace que escapaste? Nosotras no tenemos frío pero imagino que debes de estar helado…
El chico asintió y Amantha se apretó aun más fuerte contra su cuello.
- Me encantaría preguntarte muchas cosas pero lo primordial es que no mueras aquí afuera. – la bruja hizo una señal a una de sus compañeras y esta elevó el vuelo sin decir nada hasta perderse rapidamente entre las nubes. – Va a pedir auxilio a nuestros amigos, para que puedas reponerte –le aclaró.
- Gracias – musitó él.
- No te quedes quieto. Como ya dije, nosotras no sentimos el frío como vosotros, los humanos, pero somos capaces de notarlo y no es bueno que permanezcas inmóvil mucho rato.
El niño la hizo caso y comenzó a moverse pese a que sus músculos apenas le respondían casi, tan ateridos como estaban.
La bruja por su parte habló en un idioma desconocido para niño y daimonion y la otra compañera remontó el vuelo para perderse también entre la claridad del mediodía.
- Nunca conocí a ninguna bruja – musitó el niño.
- Me lo suponía. De lo contrario no estarías tan sobresaltado – rió Serafina Pekkala.
El niño se encogió de hombros a modo de afirmación.
- ¿No vas a decirme como te llamas?
Daimonion y niño se miraron, indecisos.
- ¿Ni siquiera como se llama ella? – insistió Serafina refiriéndose al tití.
El daimonion la observó con recelo hasta pronunciar su nombre.
- Es la primera vez que observo al daimonion de un niño queno cambie de forma aunque se haya sobresaltado – observó la bruja, con perspicacia. El joven se estremeció – Supongo que debes de ser un joven muy especial y mayor, de lo contrario no caminarías solo por la nieve, ni mucho menos libre de Bolvangar…
- Me he escapado – titubeó el niño aunque aquello fuera más que evidente. – Ellos querían separarme de Amantha.
- ¿Los hombres de Bolvangar? – la bruja hablaba con tranquilidad pero Amantha notó su voz mucho más alcalina y férrea que en sus anteriores preguntas.
- Sí – corroboró temeroso de lo que pudiera hacer a continuación aquel ser con la información que sabía. ¿Y si aquella bondadosa bruja le había tendido una trampa y lo que pretendía era hacerle regresar a su anterior prisión?
Como si pudiera adivinar lo que Amantha y él pensaban, Serafina esbozó otra sonrisa tranquilizadora.
- Bolvangar está invadida por el miedo y la incertidumbre. Has hecho bien en tratar de escapar de allí. En cuanto podamos, no quedará un solo niño que tenga que lamentarse de su cautiverio en el norte, te lo aseguro. Y ahora… - veía que el niño se estremecía de frío pese a que se movía con ímpetu. – Ven, acércate.
Tendió una mano hacia él, guardando el arco con su otra mano. El niño la notó fría pero percibió esa sensación de familiaridad que le hizo que le importara poco su situación actual. No obstante, la bruja le miró, con preocupación.
- Incluso aunque no lo sienta con asiduidad, me duele el frío que pasas. Es probable que para cuando vengan los giptanos con ayuda, estés muerto. – pareció dudar unos instantes sobre qué hacer a continuación pero dadas las pocas posibilidades que tenía, aferró la mano del niño con más fuerza – Será mejor que te agarres todo lo fuerte que puedas, tanto tú como Amantha, porque esto no deja de ser peligroso.
- ¿Qué vas a hacer? – preguntó el niño sintiendo nacer de nuevo el miedo.
- Te voy a llevar yo misma hasta el campamento giptano. Volando tardaremos muchísimo menos pero no acostumbro a hacer viajes con alguien agarrandose a mí. Por eso os pido que tengais cuidado. Claro que en ti está la última palabra – añadió viendo como el niño se estremecía a causa del temor – Tu decides si quieres permanecer aquí hasta recibir ayuda o probar suerte y salvarte.
- Puedes confiar en ella – musitó Amantha al oído del niño – En cuanto la tocaste noté que era de los “nuestros”.
Aquella vez no pudo entender exactamente a qué se refería Amantha pero nunca dejaba de desconfiar en su palabra así que haciendo acopio de todo su valor, agarró la mano de la bruja con extremada fuerza y respondió.
- Yo me llamo Raknir. Raknir Roof.
La bruja le sonrió a modo de saludo y se elevó por los aires con cuidado mientras el chico observó por vez primera como era dejar la tierra y sobrevolar el cielo. _________________
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Stelmaria

Registrado: 03 Abr 2007 Mensajes: 549 Ubicación: España
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Publicado: Mie Jul 16, 2008 9:33 am Título del mensaje: |
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¡¡Al fin un buen fanfiction de La Materia Oscura en español!!
Que, por cierto, ya era hora de que en este foro nos estrenáramos con el tema fanfiction, vergüenza tendría que darnos...xD
Enhorabuena Ka1sa, me ha gustado bastante . Perfecciona un poco los diálogos, que suenan un tanto forzados, el resto está muy bien.
Al leer este, me han entrado ganas a mí también de escribir uno .
P.D.: me parece que los skraelings no tenían nada que ver con el tema de los niños de Bolvangar (corrígeme si me equivoco). Eran los samoyedos, ¿no? _________________ "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"
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Ka1sa

Registrado: 27 Jun 2008 Mensajes: 14
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Publicado: Jue Jul 17, 2008 12:43 pm Título del mensaje: |
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Cierto, eran los samoyedos. Me he columpiado un bastante.
Gracias. La verdad es que cuando vi que me habías posteado ya pensé que había hecho algo mal (como suelo meter la pata amenudo).
Trataré de mejorar los diálogos aunque desde luego no soy nada experto en eso.
La verdad es que me sorprendió mucho encontrar un rincón de fanfic en el que nadie hubiera escrito uno sobre la trilogía (claro que ahora que lo pienso, como ya está todo escrito, quizá se sienta que no haya nada que crear). A mi que me encanta inventar nuevos personajes con lo que ya está hecho me pareció una ocasión perfecta para iniciar uno (me encantan los personajes secundarios).
Y también busqué fanfics de La Materia Oscura en otros sitios, pero los que he visto están en inglés (y mi inglés es muy básico -para leer fallos del ordenador y esas cosas-).
Espero leer más. Por supuesto, Stelmaria, me encantaría leer el tuyo.
Gracias por el comentario una vez más. Y cambiaré lo de los skraelings. _________________
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Ka1sa

Registrado: 27 Jun 2008 Mensajes: 14
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Publicado: Sab Jul 26, 2008 12:59 pm Título del mensaje: |
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Raknir disfrutó el vuelo aunque no quiso mirar demasiado hacia abajo. Amantha, en cambio, se mantuvo tan aferrada al chico como pudo, temblando de miedo. La bruja apenas varió su rumbo ni dijo nada. Raknir la notaba tranquila aunque concentrada. Aunque se moría por preguntarle muchas cosas, intuyó que no era el momento de expresarlas.
Antes de que el chico llegara a ver las tiendas del campamento o lo que este tuviera, la bruja aterrizó.
- Si sigues en línea recta hacia donde te indico, a cien metros llegarás al campamento. – señaló Serafina.
- ¿No me acompañas? – se extrañó Raknir.
- No, es mejor que no. Ellos ya sabrán quien eres. Ya les habrán avisado.
- ¿Pero por qué no? – se obcecó el chico.
Tenía que reconocer que aquella mujer le había caído muy bien y era en lo único que podía confiar por el momento.
- Antes de que te divisara corriendo en la nieve mis hermanas y yo teníamos otra misión. Se nos ha hecho tarde y es algo en lo que no debemos fallar…
- ¿De qué se trata?
Serafina solo pudo sonreír ante la curiosidad del chico.
- Te prometo que te lo contaré cuando nos volvamos a ver.
- ¿Y cuando será eso?
La bruja volvió a elevarse en el aire.
- Probablemente mucho antes de lo que piensas. Cuida de Amantha…
Y sin dar opción a que el chico dijera algo más, emprendió el vuelo. Raknir miró a su daimonion pero este simplemente le hizo una seña para que siguiera.
Efectivamente, tal y como les había dicho la bruja, cien metros en aquella línea recta les llevó ante un improvisado campamento con tiendas a punto de ser desmontadas y personas corriendo de un lado a otro. Se oían voces gritando a pleno pulmón, órdenes e insultos, golpes, martillazos… Raknir se acercó al gentío, curioso y despacio. Al parecer, nadie le veía. Quizá aun no hubieran recibido noticias de que iba a presentarse.
- Iorek llegará de un momento a otro. Si aquellos samoyedos no nos hubieran retrasado… Todavía nos queda un día de marcha…
- Pero Scoresby llegaría mucho antes.
- Solo con Scoresby no podemos contar.
- Ya… pero en caso de tener muchos problemas…
- Ya veremos.
Curioseando como estaba, Raknir no se dio cuenta de que el daimonion cuervo del hombre al que oía hablar ya le había visto, y el mismo hombre se volvió repentinamente. Ambos se asustaron pero el hombre trató de recomponer la compostura mirándole con los ojos entrecerrados.
Raknir tragó saliva. Aquel hombre era demasiado grande e imponente.
- ¿Quién narices eres? – se volvió hacia el otro hombre que le miraba preocupado – Se supone que no iban niños con nosotros…
- No sé, Lord Faa – musitó aquel hombre de aspecto enjuto y tremendamente envejecido – Juraría que solo venía Lyra con nosotros y…
- Es igual – el gigante llamado Lord Faa se volvió hacia Raknir esperando que este respondiera por sí mismo.
- Me ha traído una bruja – respondió el chico tratando de causarles sobrecogimiento. Al parecer lo había conseguido porque los dos hombres se miraron mutuamente, entre sorprendidos y nerviosos.
- ¿una bruja? – el hombre anciano recobró la compostura.
- Sí. Me encontraron en la nieve, cuando me escapé de Bolvangar.
- ¿Qué te escapaste de Bolvangar? – exclamó Lord Faa todavía más sorprendido.
- Sí
Raknir comenzó a disfrutar el cuestionario. Se sentía realmente importante. Amantha, no obstante, le propinó un pellizco en la nuca para que se comportara. Entonces el chico volvió a sentirse pequeño e insignificante al lado de aquellos dos hombres. El tal Lord Faa, no obstante, había cambiado su actitud y se mostraba un poco más dulce. Agarró al niño por el hombro con una de sus manazas.
- Debes de estar asustado y helado, ¿eh? – le zarandeó. – Pero antes de nada, dime: ¿iba más gente contigo?
- Había muchos en Bolvangar – respondió Raknir.
- Me refiero a que si se escaparon muchos contigo… - aclaró el gigante, impaciente.
- No. Solo me escapé yo. Bueno, yo y Amantha – aclaró señalando al titi que estaba ahora sobre el hielo, aferrado a una de sus piernas.
- Ya veo. – dijo ahora el otro hombre - ¿Y las brujas que hicieron cuando te vieron?
Raknir le miró unos segundos, mientras meditaba exactamente su respuesta, con suspicacia.
- No sé… - se hizo el desentendido – La verdad es que al principio me dispararon. Supongo que me confundirían con otra cosa. Luego me dijeron que me llevarían al campamento y después se esfumaron en el aire.
- ¿Te trajeron hasta aquí?
- Bueno… Me trajeron cerca de aquí, tuve que caminar un par de metros pero…
- Osea que sabían donde estábamos acampados – respondió el anciano más para sí que para los demás.
- ¿Y te sorprende? – le preguntó Lord Faa
- No es que me sorprenda exactamente pero…
El anciano prefirió no continuar expresando sus pensamientos en alto pero adoptó una expresión triste. Raknir miró a Amantha unos segundos, pero esta miraba ahora al daimonion del anciano: un lince de pelo rojizo, impresionante y majestuoso que rozaba la pierna de su dueño, maullando. A Raknir le dio la impresión de que quería consolarlo pero el porqué se le escapaba.
- En fin, las brujas te trajeron y luego… - continuó preguntando Lord Faa.
- Y luego se fueron. –repitió el niño – Aunque… creo que me dijeron que iban a liberar al resto de niños de Bolvangar.
Recibió inesperadamente una palmada de aquel gigante, que empezó a sonreír con optimismo.
- ¿Escuchaste eso, Farder Coram? Tus amigas, las brujas, van a ayudarnos. Eso sí que nos va a venir bien.
El anciano, Farder Coram, miró a Lord Faa en lo que Raknir intuyó una mueca de alegría fingida. Luego se alejó con su compañera lince, con la cabeza gacha.
- ¿Qué le pasa? – preguntó Raknir curioso.
- Supongo que hubiera preferido que las brujas se presentaran directamente. –respondió Lord Faa viendo al anciano marcharse.
- ¿por qué?
- ¿Quién sabe? – el gigante giptano miró al niño a los ojos, limpiamente. - ¿Por qué no me acompañas? Te encontraremos ropa de abrigo y algo de comida. Luego tenemos que partir hacia Bolvangar.
Raknir intuyó que no debía preguntar más cosas. Ya le contarían si querían que supiera. Adoptó una postura sumisa mientras seguía al jefe giptano a su propia tienda. El cuervo daimonion del hombre se elevó un momento, sobre sus cabezas, y graznó alegremente. Ahora habría otra reunión apresurada, cargada de buenas noticias. _________________
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Stelmaria

Registrado: 03 Abr 2007 Mensajes: 549 Ubicación: España
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Publicado: Mie Jul 30, 2008 11:36 am Título del mensaje: |
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De verdad que me estoy planteando seriamente lo del fanfic...A ver si me inspiro y cuelgo uno en un par de días .
P.D.: Bravo, bravo, bravo. Me gustan mucho las descripciones de la interacción humano-daimonion . Has mejorado en el tema de los diálogos, sí, sí. Muy bien. _________________ "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"
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Ka1sa

Registrado: 27 Jun 2008 Mensajes: 14
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Publicado: Mar Oct 21, 2008 6:51 pm Título del mensaje: |
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Sí que hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Tanto estrés, tanto trabajo...
Atención, he decidido modificar un poco la historia. Parte de lo que habéis leído hasta ahora es de Pullman, pero algunas cosas (no solo el nombre de los personajes) van a ser mías.
Espero que el cambio os guste.
Aquí hay un adelanto.
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Wilherbeim miraba el lago helado, con tristeza. Nunca antes había experimentado semejante soledad.
Es verdad que era una ninfa, y que como ninfa vivía lejos de sus congéneres... Pero no era el contacto con los suyos lo que la inquietaba.
Se trataba de lo que sentía por dentro.
Si bien, como defensora de la naturaleza era su deber principal cuidar de esta y saber lo que necesitaba, ¿qué pasaba con ella? ¿Por qué ahora?
Ni siquiera le entristecía el hecho de que su madre hubiera muerto. ¿Qué se le iba a hacer? Eran asuntos de la vida incuestionables. Ya se verían en otro lugar.
Era su libertad. Wilherbeim temía perder su libertad ahora que su madre no estaba con ella. Como princesa ninfa, estaba obligada a desposarse con un elfo, idea que para nada le atraía.
Era una tradición estúpida. ¿Casarse con un elfo? ¿Desde cuando estos cuidaban de ellas? Solo las querían por el territorio.
No entendía como su madre había dado el visto bueno a una cosa así. ¿Qué había del respeto, el honor, la libertad...? ¿En donde quedaban todas las virtudes que le enseñaron? ¿Tenía que reprenderse y sucumbir a la hipocresía? ¿Era eso?
Ya no quedaban muy lejos aquellos pasos que iban en su búsqueda. Tampoco podía hacer mucho por ignorarlos. ¿O sí?
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Raknir escuchó las palabras de Lord Faa, maravillado. El plan era brillante y encima contaban con un oso acorazado a su favor. Aquellos samoyedos y tártaros poco podían hacer. Encima Serafina le prometió que les ayudaría.
Al final de la charla, cuando todos empezaron a salir de la cabaña, estudió detenidamente a Farder Coram. Le parecía tan viejo y tan débil. Parecía increíble que pudiera mantenerse en pie con la ventisca que había fuera.
- ¿Qué te dijo Serafina Pekkala?
La pregunta le pilló por sorpresa. Primero porque le hablaba directamente un daimonion (cuando estos simplemente charlan con sus humanos) y segundo porque conociera a la bruja que le salvó. Claro que, como intuyó segundos después, si el tal Farder Coram esperaba la presencia de las brujas era porqué las conocía, y era posible que la reina de estas fuera especialmente conocida por otros asuntos.
- Dijo lo que ya os he contado. – pero el lince le seguía mirando a los ojos y Raknir se sintió intimidado. – Solo que no quería que pasara frío y que no podía hacerse cargo de mí porque tenía que liberar a los otros niños de Bolvangar.
Por supuesto se guardó para sí lo de que se volverían a ver y la promesa que la reina bruja le había hecho. Eso no era asunto de amigos de brujas ni de nadie.
- ¿No te dio ningún otro mensaje? – dijo ahora el anciano, que se resguardaba en una esquina.
- No – respondió el chico, cansino.
El anciano observó al chico, junto a su daimonion, de arriba abajo, aun suspicaz. Luego supuso que no había sido nada cortés frente a un niño que se había escapado del horror de un sitio como Bolvangar e iban a conducirle de nuevo allí (aunque no tuvieran las mismas consecuencias).
- Te pido disculpas – dijo entonces Farder Coram acercándose al chico y acariciándole el hombro. – Solo esperaba que ella se hubiera puesto en contacto conmigo pero imagino que tiene muchos otros asuntos de los que ocuparse.
Dicho esto, terminó por salir de la tienda y dejó solo a Raknir con sus pensamientos confusos. _________________
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Julyy.parry
Registrado: 18 Nov 2008 Mensajes: 5
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Publicado: Mar Nov 18, 2008 8:05 pm Título del mensaje: |
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todavía no terminee de leer y ya me estoy yendo
pero me encantoo como esta redactadoo chee
y muy interesantee
te felicitoo..... y depsues sigoooo
te doy un 10 felicitaada (??)
ajajaja
beso=) |
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